martes, 21 de diciembre de 2021

VIDA

 En este año pasaron muchas cosas: mi mamá se está recuperando, encontré trabajo, Iván encontró trabajo y pudo comenzar a independizarse.

Pero un factor que no modificaba mucho mi vida siempre fue mi papá. Existía ahí, en un segundo plano de mi día a día y ya.

Hoy ya no existe en los planos de la razón.

Y aunque tal vez no existan otros planos más allá, me parece esperanzador creer que si, y que él pertenece ahí ahora.

Pasó hace 2 días, el domingo 19. Yo estaba en Tierra Santa, bailando y divirtiéndome, mientras esto pasaba.

Mi papá nunca estuvo bien desde que se fue. Nunca pudo encontrar la paz, la felicidad, la tranquilidad. Eligió sin darse cuenta un camino que lo llevó a estar mal emocionalmente, y no por el, si no por su entorno.

No sé cómo me siento sobre el entorno que eligió. Me da asco y tengo rencor todos los días de mi vida por eso. Pero también me siento indiferente. 

Realmente tampoco sé cómo me siento. Si triste, o despreocupada, o no sé.

Siempre escuché a mi papá muy triste, sea de lo que hablara. Eso también me ponía muy triste a mi, y por suerte se lo llegué a expresar.

Él sabía cómo me sentía y me respetaba por eso, me daba el espacio que necesitaba. Aunque a veces hubiese querido que me insistiera más.

Ya no hay sufrimiento para él, y es lo que realmente importa.

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